"...Aprender es naturalmente divertido..." Aristóteles-

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domingo, 25 de octubre de 2009

LAS BIBLIOTECAS QUEMADAS

Las ‘bibliotecas quemadas’


22 de Octubre de 2009
escrito por laboratorio@recoletos.es


Una frase atribuida a las doctrinas orientales, pero que lo mismo podía tener su origen en las occidentales, las nórdicas o las del sur, dice que “cuando un anciano muere en la comunidad, una biblioteca se quema”. Es un reconocimiento a la sabiduría como acumulación de experiencias personales irrepetibles. Habrá quien diga que la sabiduría está recogida en documentos, no sólo en la mente de los individuos; y más todavía hoy en que con los modernos sistemas de almacenamiento de información ésta se encuentra al alcance de cualquiera con manejar un sencillo programa de ordenador. Es verdad, pero no toda la verdad. Una cosa es la información, otra su utilización en una situación o ante un problema concretos, y otra muy distinta saber disponer de toda o de una gran parte de ella poniéndola en relación con los avatares de toda una vida. En otro caso, el ser más sabio del mundo sería Google, pero me parece que nadie pretenderá mantener una conversación inteligente y gratificante con el por otra parte impagable servidor informático del que todos echamos mano una o veinte veces al día.


Para convertirse en sabiduría, la información tiene que imbuirse en el pensamiento de un individuo único, pasar por los mil y uno filtros que éste le interpone según su particular raciocinio, asentarse allí y dar frutos, el principal de los cuales será la educación propia y de los de su alrededor que le escuchen. Esta última condición me parece esencial. ¡Cuántos auténticos sabios hay en el mundo ignorados y, desde luego, desaprovechados porque no se les permite dar su fruto de enseñanza! Pensemos en nuestro gremio médico. Centenares de colegas atesoraron experiencias y conocimientos para que aprendiéramos mucho y, sin embargo, ¿qué tribuna tienen para hacerse oír?: el auditorio vacío de su trabajo en soledad, si acaso algún papel escrito que guardan cada noche en el cajón de su mesa y que se aventará con sus propias cenizas. La cronolatría, pecado capital de nuestro tiempo, sólo encumbra a los jóvenes en cualquier disciplina y la nuestra, tan de constante avance, no iba a ser menos. Cada vez que uno de esos médicos muere, ni todos los buscadores de internet ni los rimeros de revistas que se apilan en los despachos profesionales, ni la más depurada utilización de la medicina basada en la evidencia, evitarán que una espléndida biblioteca médica se queme.

FUENTE:
José Ignacio de Arana
22 de Octubre de 2009

escrito por laboratorio@recoletos.es